11 sept. 2016

Estoy en contra de cualquier tipo de amenaza y debe ser castigada con lo que la ley decida. Pero ojo, no sólo existe la amenaza o atentado por agresión, la cual interesa a algunos para hacer de ella un espectáculo
mediático de barrio. Hay otro tipo de amenazas y la ley no quiere saber nada de ella.

Un ejemplo, los incumplimientos de contratos de las empresas con los trabajadores. “Debe usted de
quedarse dos horas, más las cuales no se las voy a pagar, pero le daré días libres, de lo contrario mañana en su lugar habrá otra persona por usted”. ¡Eso sí que son amenazas y que se llevan a cabo diariamente con los trabajadores!

La amenaza a grito limpio y rodeado de los tuyos queda en nada, suelen ser motivadas por la
desesperación o la impotencia ante cualquier fracaso en la vida. Es comparable al que repetidamente
grita a los cuatro vientos, subido a una torre y con altavoz en mano, que se va a suicidar. Al final no lo hace.

El que se quiere quitar la vida, harto de aguantar injusticias y golfos, se tira por la ventana o se envenena sin comunicárselo a nadie.
Es ese compañero valiente que se enfrenta a la muerte plantándole cara, pero que en pocos minutos se
convierte en un cobarde incapaz de enfrentarse a las asquerosa vida que nos están llevando a vivir muchos políticos, convertidos en terroristas de la mentira.

Cuando el pueblo se tire a los juzgados y empiece a denunciar amenazas de proyectos incumplidos, los jueces quedarán verdaderamente bloqueados de expedientes. Cuando nos rebelemos de ver los atentados de políticos corruptos sacando el dedo en forma de peineta y cachondeándose de un país entero, entonces arderá Troya. Pero de momento, este país intenta suicidarse y se está convirtiendo el español en ese
compañero cobarde que no tuvo huevos de hacerle frente a la cantidad de irresponsabilidades que provocan nuestros gobernantes. He dicho.

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