25 mar. 2017

De Cuaresma con… Miguel Ángel Novo

EDITADO EN CADIZDIRECTO.COM

Miguel Angel Novo, Gaditano, 50 años de vida, de los que casi 40 lleva como hermano de su cofradía de Las Penas, en la que entró limpiando plata, como cualquier chiquillo de entonces, y acabó siendo su hermano mayor durante 11 años. Retirado completamente de la “vida activa cofradiera”, en cualquiera de sus facetas, principalmente de las públicas, conserva, sin embargo, un huequito para los amigos. Y eso es lo que le ha hecho aceptar, casi de manera excepcional, esta invitación que un servidor Emilio Gutiérrez Cruz “El Libi”, le ofreció, detalle que le agradezco de corazón.



1.- ¿Qué significa para ti tu cofradía de Las Penas?
Algo íntimamente ligado a mí desde que era un niño y que, de una manera u otra, ha estado presente en la mayoría de los acontecimientos importantes de mi vida. Por tanto, me une a ella una especie de irrompible cordón umbilical, que va más allá de las circunstancias y de las personas que la conformen cada momento. Incluso más allá de mi mayor o menor presencia en ella. Gran parte de mi vida de fe se ha desarrollado en ella, en ella he hecho grandes amistades que aún conservo, ante las Imágenes de mi devoción me casé y bauticé a mis hijos, es la cofradía de la familia… Y, como tantos otros, he tratado de aportar algo a su historia, asumiendo en ella responsabilidades durante varios años.

2.- ¿Cuándo se empieza y se termina de ser cofrade?
Se empieza cuando uno siente la vocación de serlo. Y se termina cuando uno siente que ya no tiene vocación. Un cofrade sin vocación es solo una apariencia de cofrade, una impostura. En cofradías, hay muchos cofrades sin vocación de cofrades. No hay problema en ello hasta que se convierten en dirigentes.
3.- ¿Algunos se amparan en las creencias religiosas para ser más protagonista que la propia imagen que acompañan?
En las creencias, no. Se amparan en la relevancia social que las cofradías puedan tener, en el impacto mediático, en la posibilidad de ser “alguien” ante los demás, en la propia estética cofradiera que pone medalla y vara dorada en cuello y manos. Y eso es una tentación para la soberbia, cuando uno no es lo suficientemente humilde o no tiene claro que el cargo está para servir y no para servirse.
4.- ¿Hay motivos para que la iglesia desconfié de algunos hermanos mayores?
Y motivos para que algunos hermanos mayores desconfíen de la iglesia…
5.- ¿Te consta que hay “cofrades” que llevan el hábito como el que lleva una camiseta enguatá?
Jajajaja… En general, no existe mucha conciencia de lo que el hábito significa verdaderamente. Las cofradías deberían preocuparse más de formar a sus hermanos en la relevancia y la significación que tiene vestir la túnica nazarena. Es una asignatura pendiente.
6. ¿Hay más verdad que mentiras en las cofradías?
Por supuesto que hay más verdad pero la mentira siempre hace más ruido. Entre otras cosas, porque es más superficial. La verdad siempre es más profunda y, por tanto, hay que ahondar en ella. Ya se sabe que las apariencias, engañan.
7. ¿Que aconsejarías a los jóvenes que empiezan a sentir algo por la semana Santa?
Que traten de profundizar en qué hay más allá de lo aparente, para entender que todo ese “milagro” no surge de la nada. Que para que ello sea posible, hay un puñado de personas, un puñadito en cada cofradía, que hacen realidad, con poquísimos medios en la mayoría de los casos, todo lo que después se ve en semana santa. Y que para ello, trabajan incansablemente durante un año completo. Que miren qué hay detrás, en las casas de hermandades, en el día a día de una cofradía. Porque lo que no se conoce, no se valora adecuadamente.
8. ¿En Semana Santa mirar a Sevilla es de acomplejado?
Sí, si se la mira con complejos. Y si se la utiliza o nombra para arremeter contra otros, no solo es de acomplejado sino, además, de palurdo.
9.- ¿Que cambiarias de la Semana Santa de Cadiz?
Pienso que necesita una nueva carrera oficial e incluso una nueva configuración de las distintas jornadas. Para que ello fuera posible haría falta, en primer lugar, un estudio serio de cuáles son las necesidades actuales y qué es preciso cambiar en beneficio de la propia Semana Santa. Eso implica mentalidades más abiertas y dispuestas a mirar más allá de sus propios ombligos. Además, serían necesarias estructuras cofradieras radicalmente distintas a las que existen actualmente. Conclusión: todo esto es una fantástica utopía. Así que me conformaré con desear que el público coma menos pipas y no charle tanto o, al menos, lo haga en voz más baja de lo que lo hace. Es menos comprometido.

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